El coronel no tiene quién le escriba sobre el coronavirus

El coronel no tiene quién le escriba sobre el coronavirus

Por Mercedes Peces Ayuso

Ni yo tampoco, quizá por eso soy yo quien hoy escribe por los dos.

Seguimos esperando que el Gobierno nos alivie, el dinero y la comida empiezan a escasear y apenas salimos de casa. No podemos, no nos dejan. Dicen que hay un virus como la gripe pero mucho más peligroso y a las personas con asma, como yo, las lleva directamente al hospital, un enorme edificio donde te curas o te mueres sola y de ahí a la tumba, sin más ceremonia que los lloros y lamentos de quienes te han querido bien, pero a los que no les está permitido darte el último adiós con la ceremonia debida. Tristes tiempos vivimos. Tristes aún más si cabe para los mayores que llevamos toda la vida de servicio y pasándolas canutas para ver que nuestro final se reduce al miedo y la desolación de estar solos en nuestras casas, eso con suerte, o en un limbo geriátrico en el que intentaremos sobrevivir a este nuevo ángel exterminador.

No tenemos quien nos escriba, pues pocos sabemos seguir las noticias en esas cajas informáticas. Nuestros dedos están hinchados por la artrosis y la cabeza está demasiado ocupada intentando recordar y retener tiempos mejores. A veces se nos olvidan, otras queremos olvidarlos nosotros mismos, pero siempre está el gallo de pelea que nos alerta en la vigilia. Dormimos poco y la soledad nos pesa. Apenas podemos con las bolsas de la compra y nos aturde este continuo ir y venir de personajes y noticias televisivas. Si pudiéramos recibir la carta que nos confirme que aún importamos, que la Administración nos tiene en cuenta y nos pensiona sin presionarnos. Sin confinarnos solos, muy solos y apartados.

Antes, al menos, mi querido esposo, mi coronel retirado de un ejército rebelde, podías bajar a la oficina de correos y preguntar; y así era como cierto atisbo de comportamiento social aceptado confirmaba tu vida. Ahora ya no, has perdido el norte. Tu viaje de esperanza de cada viernes encarnaba la ilusión en estos tiempos en los que vuelve a prevalecer una especie de ley marcial y censura, y la corruptela política alcanza atisbos de risa, si no fuera por la falta de gracia que la acompaña. Como miles, ya no sabes qué será de ti ni de nosotros en este nuevo orden mundial. Los bancos públicos se han quedado vacíos.

Si una simple misiva conlleva tanta esperanza, si todos nuestros días ahora se resumen a encender el televisor y ver, no leer, lo que otros determinan acerca de nuestras vidas y movimientos, el más mínimo pudor me impele a pedir, casi a implorar, una pequeña nota allá donde se ponga que el coronal sí tiene quien le escriba.

No te extrañe, mi querido esposo, que hasta que eso llegue te pregunte qué vamos a comer mientras el gallo come comida de verdad. A mí tampoco me sorprende que me respondas «Mierda».

En la integridad de este relato de Gabriel García Márquez quizá encuentres ese billete de salida.

Mercedes Peces Ayuso es filóloga y traductora.

(C) losojosdehipatia.com.es

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *